Dicen que los amigos son la familia que se escoge. Pero además dentro de estos, hay que saber qué hacer con cada uno. Yo un día animé a un amigo a montar en una furgoneta y largarnos por el mundo. Lo hicimos de un día para otro. La aventura y la gasolina solo nos duró hasta Bordeaux. Pero a partir de ese momento comenzamos a pensar más allá. Durante el viaje hablamos de proyectos para esa furgoneta. Queríamos hacer de esa chatarra una casa para irnos por el mundo juntos. No saber dónde íbamos a dormir al día siguiente nos parecía algo mágico.
Como esa furgoneta no acababa de convertirse en nuestra mansión particular, cambiamos de idea. Nuestra bombilla se encendió. Comenzamos a buscar viajes a India. Cuando ya teníamos el billete en nuestras manos, el siguiente problema era el hospedaje y el lugar donde hacer un voluntariado. Una vez solucionado este último, nos dio igual el primero y le añadimos un poco de emoción al viaje.
Llegado el día, nos montamos en el avión y empezamos a ver todo más cerca. Empezaban los nervios. La incertidumbre nos comía por dentro. Nos habíamos informado, pero siempre nos podría impresionar más de la cuenta. El avión empezaba a descender. Estábamos llegando a un sitio desconocido y nos dio por mirar por la ventanilla. No veíamos luces, todo estaba bastante oscuro. El miedo y los nervios ya se apoderaban de nosotros y no parábamos de hablar y reírnos sin parar. Bajamos del avión y el primer problema se nos presenta rápidamente. Tenemos que pedir un taxi para una calle, llegar a ella y buscar un hotel. A las 3 de la mañana estamos en medio de Calcuta, sin hotel y alucinados con las calles.
Pasamos una hora buscando un hotel libre, cuando de repente, se nos ocurre ir a casa de la madre teresa. Llegamos, nos dan agua y ya nos sentimos a salvo. Esperamos una hora hablando de lo mal que lo habíamos pasado y a las 7 volvemos a salir a la calle a buscar hotel. Llueve y todo el mundo nos mira. Después de una hora, damos por fin con un hotel. No era un hotel de 5 estrellas, pero tenía una cama. Nos tumbamos, avisamos de que estábamos vivos y dormimos. Cuando nos despertamos, el hotel ya no nos parecía tan bueno. Teníamos una compañera, que llamamos Esperanza Aguirre. No se parecía mucho a la política, pero nos pareció buen nombre para una lagartija.
Después de pasar unos días deambulando por las calles de Calcuta, nos apuntamos al voluntariado. Pasábamos tardes hablando con la gente de la calle. Otras, nos sentábamos con una cerveza y solo observábamos e intentábamos entender dónde estábamos.
Empezamos el voluntariado y también comenzamos a disfrutar plenamente de India. Conocimos a gente muy interesante. Ayudamos a niños a sonreír, en condiciones no muy propensas para ello. También me empecé a dar cuenta con quien había ido al viaje. No era un amigo cualquiera. Era un amigo que estaba viviendo algo único conmigo. Podre ir a otros muchos sitios, pero mi primer gran aventura la viví con él. Fue mi psicólogo, pero también yo fui el suyo. Fue mi familia y yo la de él. Allí, en medio de Asia, era mi único apoyo y mi única preocupación. Esto se hace más especial cuando ves que es como tú. Piensa como tú. Es en ese momento cuando te das cuenta que has elegido a la persona perfecta para la aventura perfecta y que por muchas vueltas que nos de la vida, siempre nos volveremos a juntar. Porque hay algo que nos une. Un hilo, que se creó a base de experiencias. Charlas que parecían no acabar. Pensamientos encontrados, que te hacían pensar que estabas hablando contigo mismo.
Cuando ves esta unión tan mágica, piensas en como se pudo crear. Te vas al pasado. Piensas en el origen de esta relación. Y ves que desde el colegio estas unido a esta persona. Has llorado porque se iba a otro instituto. Lo has admirado. Otras veces lo has odiado, por que jugaba mejor que tú al fútbol. Y, sobre todo, nunca te has separado de él, a pesar de que la vida ha puesto kilómetros de más entre nosotros. No se ha quien agradecer la oportunidad de haber visto el mundo desde el lado malo, pero sí sé a quién agradecer hacer esta aventura aún más especial. ¡Gracias Nachin!